Actualizado 2026
El radón es un gas radiactivo de origen natural, invisible e inodoro, que puede acumularse en el interior de los edificios y que la Organización Mundial de la Salud identifica como la segunda causa de cáncer de pulmón tras el tabaco. Desde la incorporación de la sección HS6 al Código Técnico de la Edificación, la protección frente al radón es una exigencia normativa en España. En esta guía te explicamos qué es el radón, qué zonas de la Comunidad de Madrid presentan más riesgo, qué exige el CTE en obra nueva y en reformas, cómo medirlo en tu vivienda y qué soluciones constructivas funcionan.
Qué es el radón y por qué importa en tu vivienda
El radón (Rn-222) procede de la desintegración natural del uranio presente en rocas y suelos, especialmente en terrenos graníticos. Desde el terreno asciende y penetra en los edificios a través de fisuras en soleras, juntas, pasos de instalaciones y muros en contacto con el suelo, acumulándose sobre todo en sótanos y plantas bajas. La evidencia científica es sólida: la OMS y organismos como el Consejo de Seguridad Nuclear (CSN) asocian la exposición prolongada a concentraciones elevadas de radón con un aumento del riesgo de cáncer de pulmón, riesgo que se multiplica en personas fumadoras. Hablamos de exposición crónica: el problema no es un día, sino años respirando aire con concentraciones altas.
Qué exige el CTE: la sección DB HS6 de protección frente al radón
El Real Decreto 732/2019 modificó el Código Técnico de la Edificación e introdujo la sección HS6 «Protección frente a la exposición al radón» en el Documento Básico de Salubridad. Con carácter general, la norma fija un nivel de referencia de 300 Bq/m³ de concentración media anual en locales habitables y clasifica los municipios españoles en un apéndice según su potencial de radón (zona I y zona II). En los municipios incluidos en esas zonas, los edificios de nueva construcción —y determinadas intervenciones en edificios existentes, como ampliaciones o cambios de uso— deben incorporar medidas de protección: desde barreras frente al radón en zona I hasta soluciones reforzadas (cámara de aire ventilada o despresurización del terreno) en zona II.
Es importante subrayar que el nivel de 300 Bq/m³ es un nivel de referencia, no una frontera entre «seguro» y «peligroso»: la recomendación internacional es reducir la exposición cuanto sea razonablemente posible.
¿Hay radón en Madrid? Zonas de mayor potencial en la Comunidad
La Comunidad de Madrid no es uniforme. Las zonas de mayor potencial de radón se concentran, con carácter general, en los terrenos graníticos de la Sierra de Guadarrama y su piedemonte —municipios del noroeste y la sierra—, mientras que gran parte de la ciudad de Madrid y el sureste de la región, sobre terrenos sedimentarios (arcillas, yesos), presentan un potencial menor. Aun así, varios distritos y municipios madrileños figuran en el apéndice del CTE como zonas de actuación, y la única forma de conocer la concentración real de una vivienda concreta es medirla: dos casas contiguas pueden dar resultados muy distintos según sus vías de entrada de gas y su ventilación.
Cómo se mide el radón en una vivienda
La medición estándar se realiza con detectores pasivos de trazas, pequeños dispositivos que se colocan en las estancias más ocupadas de las plantas bajas durante un periodo prolongado —lo recomendable es del orden de tres meses, idealmente en época de calefacción— y se envían después a un laboratorio acreditado. Existen también medidores electrónicos de lectura continua, útiles para ver variaciones diarias y comprobar la eficacia de las soluciones adoptadas. Desconfía de las mediciones de un solo día: la concentración de radón varía enormemente con la meteorología, la ventilación y el uso de la vivienda, por lo que solo las medias de larga duración son representativas.
Soluciones constructivas en obra nueva
En edificios de nueva planta situados en municipios clasificados, el CTE contempla, con carácter general, tres familias de soluciones que el proyectista combina según la zona: la barrera de protección frente al radón (láminas continuas y estancas al gas colocadas entre el terreno y los locales habitables, con sellado cuidadoso de juntas, encuentros y pasos de instalaciones); la cámara de aire ventilada entre el terreno y el edificio (por ejemplo, un forjado sanitario ventilado que diluye el gas antes de que entre); y los sistemas de despresurización del terreno, arquetas o tubos bajo la solera que aspiran el gas del suelo y lo expulsan por encima de la cubierta. Bien ejecutadas desde proyecto, son soluciones de coste moderado; improvisarlas después siempre resulta más caro.
Soluciones de rehabilitación en edificios existentes
En viviendas ya construidas con concentraciones altas, la intervención se diseña tras un diagnóstico: por dónde entra el gas y cómo se mueve por el edificio. Las actuaciones habituales, de menor a mayor complejidad, son: sellado de fisuras, juntas y pasos de instalaciones en contacto con el terreno; mejora de la ventilación de los espacios habitados, idealmente con ventilación mecánica controlada que garantice caudales constantes; ventilación forzada de cámaras sanitarias o sótanos existentes; y, en los casos más exigentes, despresurización del terreno mediante arquetas de captación con extractor. La experiencia internacional indica que los sistemas de despresurización bien diseñados logran reducciones muy notables de la concentración interior. Estas obras, además, suelen mejorar otros problemas asociados a los espacios en contacto con el terreno, como las condensaciones y humedades o la necesidad de impermeabilizar sótanos y muros de contención.
Radón, ventilación y eficiencia energética: un equilibrio necesario
Hay una tensión real entre hermeticidad y radón: al rehabilitar energéticamente una vivienda (ventanas nuevas, sellado de infiltraciones) reducimos las renovaciones de aire descontroladas, y si la vivienda está en zona de radón la concentración interior puede aumentar. La respuesta técnica no es renunciar al aislamiento, sino acompañarlo de una estrategia de ventilación diseñada: sistemas de ventilación con caudales garantizados y, cuando proceda, medidas específicas frente al radón. Por eso, en municipios de la sierra madrileña conviene que cualquier rehabilitación energética ambiciosa incluya una medición de radón antes y después de la obra.
Cuándo intervenir y qué papel juega el arquitecto
Como criterio práctico: mide si tu vivienda está en un municipio clasificado por el CTE, si tiene estancias habitables en planta baja o sótano sobre terreno granítico, o si vas a comprar o reformar en la sierra. Si la media anual supera el nivel de referencia, planifica una intervención; si se queda cerca, refuerza la ventilación y vuelve a medir. El arquitecto aporta el diagnóstico de las vías de entrada, el diseño de la solución proporcionada al problema (no siempre hace falta la más cara), la dirección de la obra y la verificación posterior con nuevas mediciones. En obra nueva y cambios de uso, la protección frente al radón es un requisito más del proyecto que conviene resolver desde el primer croquis.
Preguntas frecuentes sobre el gas radón en viviendas
¿El radón es realmente peligroso o es alarmismo?
La evidencia científica es sólida: la OMS lo clasifica como carcinógeno humano y lo considera la segunda causa de cáncer de pulmón tras el tabaco. El riesgo depende de la concentración y de los años de exposición; concentraciones bajas suponen riesgos bajos, pero merece la pena medir para saber en qué situación estás.
¿Cómo sé si mi municipio está en zona de radón?
El apéndice B del DB HS6 del CTE lista los municipios clasificados por potencial de radón, y el Consejo de Seguridad Nuclear publica cartografía del potencial de radón en España. Un arquitecto puede confirmarte la clasificación de tu municipio y qué exigencias supone para tu obra.
¿Un piso en planta alta tiene riesgo de radón?
El riesgo se concentra en plantas bajas, sótanos y viviendas en contacto con el terreno. En plantas altas la concentración suele ser mucho menor, aunque patios, huecos de ascensor e instalaciones pueden transportar gas hacia arriba en algunos edificios. Si hay dudas, la medición es barata y concluyente.
¿Cuánto cuesta medir el radón en casa?
Una medición con detectores pasivos de larga duración analizados en laboratorio tiene un coste asequible, del orden de decenas de euros por detector como referencia. Los medidores electrónicos domésticos de calidad cuestan algo más, pero permiten seguimiento continuo.
¿Las soluciones contra el radón encarecen mucho una obra?
En obra nueva, incorporar la barrera o la ventilación del terreno desde proyecto tiene un coste moderado sobre el total. En rehabilitación depende del diagnóstico: desde sellados y mejoras de ventilación de coste contenido hasta sistemas de despresurización, que siguen siendo intervenciones acotadas comparadas con otras partidas de una reforma integral.
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